enero 13, 2010
enero 12, 2010
Segundo par de ciruelas.
III
Sé que la he visto mil veces en uniforme, pero le queda tan... sexy. Y me quedé ahí, embobado viendo como movía su cuerpo al venir hacia mi.
- Hola mi amor - su voz me hizo estremecer como si yo fuese un completo degenerado.
Ambos sonreímos. Su sonrisa perfecta gracias al tratamiento de 2 años de ortodoncia resaltó en su rostro. La abracé y le di un beso en la frente. Jugueteó con sus dedos en mi espalda. Sus ojos marrones estaban clavados en los míos hasta que comenzó a jalarme para que avanzara. Se supone que estábamos tarde para el ensayo.
- Renzo, ¿te molestas si te digo que alguien va a venir a vernos? No al ensayo, a la presentación en un par de horas. - bajó la mirada. Sí, yo sabía quien era ese alguien. Su nuevo amiguito del Británico. Negué con mi cabeza y ella me dedicó su más grande sonrisa. La agarré por la cintura y sin vacilar ella se empinó para besarme. Le susurré un pequeño te amo, lo cual fue suficiente para que se sonrojara. Como me encanta que se ponga así. Pero por qué lo invitó a él.
Entramos al club y se le antojó un helado, como de costumbre. Le sonreí y entramos a la cafetería. Le compré un Nesquik y salimos de ahí. Al frente estaba José. Ella lo miró, hizo un gesto de saludo con la mano y me jaló con fuerza.
- ¡Estamos tarde!
IV
Michelle tuvo que salir a cambiarse mientras Renzo se quedó hablando con Luis. José se apareció con Fiorella, una menuda chica de ojos verdes, nada agraciada, su cabello era castaño con iluminación rubia que se notaba que se le había ido el color. Una nariz enorme brotaba entre el par de ojos caídos de color azul. Nada comparada con la esbelta y larga figura de Michelle y sus hermosos ojos marrones que resaltaban en su tez blanca. Bueno, tampoco es que ella sea altísima, pero luego que bajó de peso quedó con buen cuerpo. No sé qué le molesta.
Fui al baño a ver a Michelle y avisarle lo que acababa de ver. Al parecer ella sabía que se aparecería, pero la noté muy incómoda. Lo noté por el modo en que temblaba. Sus movimientos se volvieron casi mecánicos mientras intentaba aplicarse la sombra negra en los párpados. Luego llegó a los labios, pero se quebró. Le ofrecí un cigarro para que se calmara, pero casi desato la III guerra mundial ya que me gritó que si estaba loca ya que iba a cantar y eso cagaría por completo su voz.
"Dreams" resonó en mi mente mientras caminábamos. La voz de Michelle se lució en esta canción definitivamente. Se dirigió hacia José y le preguntó que tal había salido. Él respondió con un bien desinteresado y se fue a dejar a Fiorella a su casa. Renzo la abrazó como para protegerla del frío y Luis lo imitó.
Nos separamos en el camino y caminando me preguntó si quería que me llevara a mi casa. Lo pensé por un segundo y le pregunté si había alguien en la suya. Con una sonrisa pícara me respondió que no.
enero 11, 2010
Primer par de ciruelas.
I
- ¡Jódete! La última palabra de esa mocosa caprichosa sonaron en mi cabeza apenas pronunció su nombre Mauricio: "Michelle, Michelle".
- ¿Qué pasa José? ¿Acaso Michelle te mordió la lengua?
Risas. ¿Mauricio de verdad tenía la necesidad de ir a ese maldito club a verla cantar? Ahora tendré que aguantarme toda la noche de el sábado porque se les ocurrió invitarla a mi fiesta. Genial, encontraron su Facebook. Miré de reojo. Ha bajado demasiado de peso, pero se le ve bien.
- Tenías razón. ¡Está ricasa! - No tengo ni la menor idea de quien fue el que dijo eso.
Prendí un cigarro. Más risas. Me harté de escuchar a Mauricio hablar de ella de esa forma por más que ella tenga enamorado. Carcajadas. "Es tierna", dijo alguien. Silbidos. Alboroto. Mejor me largo.
Me paré y me excusé diciendo que había quedado en recoger a Fiorella. Silbidos. Risotadas. Me calcé los patines, me despedí de la mamá de Mauricio y salí disparado de ahí. ¿Por qué me pelee con Michelle? Ugh, ya no importa eso, total, fue hace dos meses. Aunque no puedo negar que eso aún me afecta.
Vi el grifo y doblé a la derecha. El trayecto a mi casa parecía interminable. El parque América simplemente parecía el doble en ese momento. Qué cansancio. ¿Mis llaves? ¡Maldición! Ya fue, tocaré el timbre.
- ¿José? - Era mi abuela. Creo que la desperté.
- Sí, abuela.
II
- ¿Aló? Michelle, estoy en la puerta. - Maldita sea, son las 2 de la madrugada, cómo se le ocurre. Por nada al mundo iba a bajar a abrirle la puerta. Le dije que subiera por la escalera que da a mi balcón. Bueno, fue el gran intento de Denisse, ya que casi se resbala.
- ¿Puedo quedarme a dormir? - Denisse entró. Tenía los ojos hinchados. Asentí, total ya estaba dentro.
- ¿Qué pasó?
Ella no respondió. Saqué un pijama del cajón y ella se cambió con un poco de dificultad. Me ayudó a sacar el colchón que estaba debajo de la cama, se echó y la dejé dormir. ¿Dejó de comer hoy día también? La curiosidad que sentía era demasiada pero me daba pena despertarla. Mañana le preguntaré, me dije. Mañana. Ugh, ¡la fiesta! No sé si ir a casa de José. No quiero saber nada de él, ha decir verdad. Es un completo idiota. Se jura la gran cosa y tuvo el descaro de decirme mocosa. ¡Sólo me lleva dos meses!
Agarré mi celular, conecté los audífonos y puse play. Irónicamente sonó "Wild world". Denisse definitivamente me había quitado el sueño. Puse pausa y me fui hacia el ropero. Mmm, necesitaba algo que resalte el tinte rojo de mi cabello. Un polo azul suelto y una mini no tan mini blanca estaba bien.
- ¿Michelle? - volteé a ver a mi amiga. Sus ojos se humedecieron. - Luis terminó conmigo.
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